Y claro, los alemanes crearon la pólvora y el mayor holocausto del mundo, pero.... pero mi pregunta es ¿es eso lo peor que crearon los alemanes?
No, claro que no, lo más destructivo y absolutamente humano que crearon fue la imprenta, esa capacidad por multiplicar críticas hechas por cerebros observadores. Claro, esos peligrosos y morbosos cerebros.
Mientras que en la ciudad se dispersan los humanos y vidas de una forma artística sin igual, esos colores y formas, vapores de sentimientos se elevan sobre sus cabezas, expelan suaves aromas de tempestad y aun así sonríen... pero nadie lo nota, nadie nota esa pasión humana en cada uno, nadie a excepción de los cerebros observadores, esos que toman notas mentales y luego (gracias a los alemanes) se publican como gran cosa. Lástima que no todos observan bien, lastima que algunos son una parte humana muy desarrollada y no distinguen las esencias... y yo también soy humana, y posiblemente me salte algo, un espacio, un espacio de alma, una alma.... un humano....Quizás un cerebro o quizás solo sigo hablando de los instintos psíquicos y maquiavélicos de los escritores.
Y sonríen en sus morbosos regocijos de estar en ese rincón, pasivamente observando, anotando, analizando y escupiendo esas estupideces humanas, tan humanas y encantadoras que hacen emitir un rubor calido de las brillantes miradas escritas, esas que se encuentran entre letras, entre líneas como suelen decir las canciones.
Inspiración la llaman algunos, ese cosquilleo que te pide más de su propio alimento, de su propia existencia. Ese baile que eleva suavemente las almas y mentes a un lugar desconocido por muchos, ese lugar de sonrisas y placeres infinitos, esa danza colorida o muchas veces en blanco y negro, lo importante es que esa danza que da vueltas y vueltas nuestro cuerpo en el mismo instinto de seguir escribiendo…. Ese instinto que nos hace observadores… y reírnos así,…. Dentro de una danza escondida, una danza y felicidad egoísta, una dicha única y concentrada.
eso, concentrada en nuestro propio cerebro.